Poemas y Cuentos de Navidad
December 19th, 2006 by Gustavo
En estas fiestas que se aproximan, que mejor que deleitarse con poesía y cuentos de Navidad. Esas historias que nos alegran tanto la vida a chicos y grandes. Y Como regalo en esta ocación les dejo el poema de Stella Maris Arévalo “Medianoche Blanca y Roja”. Que lo disfruten. Tu bigote y tu barba Tu mirada está cubierta Cada diciembre veinticuatro Rojo y blanco Papá Noel, No te pierdas, no te olvides, Medianoche blanca y roja, Stella Maris Arévalo Puedes encontrar más poemas y cuentos de Navidad en los comentarios de este post. No te los pierdas y compártelos con tus hijos.
Es tu gorro muy distinto,
elegante y singular,
tiene la punta larga
con una borla al final.
son de excelente blancura
y tus manos acarician
a los niños con ternura.
por cejas muy tupidas,
protegen tus ojos negros
que desde lejos todo miran.
ansiosos, te suelen esperar,
pasada la medianoche,
chicos y grandes de todo lugar.
eterno y legendario personaje
que iluminas la medianoche
con tu bolsa, tu risa, tu mensaje.
que tus pasos al llegar
alrededor de los árboles
para cada Navidad
logra en los hogares
unir a todo el grupo familiar.
esperada de verdad,
con ruidos, cristal de copas,
que hacen música al brindar.
Related posts
Uncategorized. You can leave a response, or trackback from your own site.






December 19th, 2006 at 5:03 am
Nativisol
Ya hacía mucho, pero muchísimo tiempo que los días y las noches de Navidad, de antes de Navidad y de después de Navidad, eran tan nublados y oscuros como la sombra larga y seca, fría y negra del Altiplano.
Allí vivían unos simpáticos hombrecitos con caras talladas por el viento y por la tierra, que le daban a su piel singularmente morena, una textura muy especial.
¿Por qué el tiempo se portaba así? Los chicos no entendían las explicaciones de las madres, ni de las abuelas, ni de las tías, ni siquiera las de doña Dominga, que sabía cómo curar el mal de ojos y el empacho.
Conocía muchos brebajes, pero ninguno curaba la tristeza de los niños. Las plantas del lugar, que habían convertido sus hojas en espinas, no podían adornarse con las estrellas de la noche -¡hace tanto tiempo que nadie veía ninguna!…; ni siquiera con el brillo de la luna, porque también estaba oculta tras espesas nubes grises.
¿Qué hacer entonces? Una planta sin adornos no es un árbol de Navidad, es apenas un cactus de todos los días, sin su traje dominguero. La idea fue de don Zoilo, el compañero de doña Tomasa.
-¿Y si le preguntamos a la Pachamama?
No es fácil hablar con los dioses, pero en este cuento, como en todos los cuentos maravillosos, todo es posible, nadie lo discute.
La Pachamama escuchó la pregunta, se puso a pensar, miró las nubes y volvió la vista hacia la tierra, hacia sus propios dominios. Allí, en un pozo hondo donde había guardado semillas, había una caja hecha con adobe, como el que se usa para construir los ranchos.
La Pachamama la abrió despacio, despacito y de su interior, salieron tantos, tantísimos rayos de luz, que luego, por arte de magia incaica, se convirtieron en soles, en muchos, muchísimos soles, de ojos rasgados y amplia sonrisa.
Y, desde entonces, en ese lugar del Altiplano, todas las Navidades, las pocas plantas y los árboles de ramas retorcidas, se adornan con soles de caras anchas y melenas de rayos ondulados como llamas de fuego.
Y los chicos, que son pobres pero muy buenos, como los ángeles en patitas de los cuentos de Gudiño Kieffer, esperan la Navidad, que allí es Nativisol, en puntillas, pretendiendo atrapar entre sus manos algún descuidado rayito de luz amarilla.
Para el Sol de los días soleados este cuento de Navidad en el altiplano, poncho de colores, cielo despejado ha terminado.
Eve Bail
December 19th, 2006 at 5:04 am
Navidad
IX Canción Final
Esta noche te tengo
en mis brazos, Dios mío,
y al estrechar tu cuerpo
pequeño y desvalido,
siento que la mirada
de amor con que te miro
no es de siervo a Señor,
sino de padre a hijo.
Dios mío,
Dios mío,
hoy eres hijo mío.
En el silencio inmenso
de la noche, Dios mío,
me pareces más débil
y hasta más pequeñito;
y en este desamparo
te descubro tan mío
que me quema tu sed
y me hiela tu frío.
Dios mío,
Dios mío.
Hoy eres hijo mío.
Al pensar en los años
que te esperan, Dios mío,
con dos leños cruzados
al final del camino,
tengo miedo del tiempo
y quiero interrumpirlo,
con ansia de que seas
eternamente niño.
Dios mío,
Dios mío,
hoy eres hijo mío.
Y te pido que nunca
me abandones, Dios mío;
que renuncies a todo
por quedarte conmigo;
que te tenga en mis brazos
como ahora, dormido,
y que no te despiertes
hasta el fin de los siglos.
Dios mío,
Dios mío,
hoy eres hijo mío.
Francisco Luis Bernárdez
(argentino y miembro del Movimiento de Vanguardia)
December 19th, 2006 at 5:06 am
Noche de Diciembre
Noche como ésta, y contemplada a solas
no la puede sufrir mi corazón:
da un dolor de hermosura irresistible,
un miedo profundísimo de Dios.
Ven a partir conmigo lo que siento,
esto que abrumador desborda en mí:
ven a hacerme finito lo infinito
y a encarnar el angélico festín.
¡Mira ese cielo!… Es demasiado cielo
para el ojo de insecto de un mortal;
refléjame en tus ojos un fragmento
que yo alcance a medir y a sondear.
Un cielo que responda a mi delirio
sin hacerme sentir mi pequeñez;
un cielo mío, que me esté mirando,
y que tan sólo a mí mirando esté.
Esas estrellas…, ¡ay, brillan tan lejos!
Con tus pupilas tráemelas aquí
donde yo pueda en mi avidez tocarlas
y aspirar su seráfico elixir.
Hay un silencio en esta imnensa noche
que no es silencio; es místico disfraz
de un concierto inmortal. Por escucharlo
mudo como la muerte el orbe está.
Déjame oírlo, enamorada mía,
a través de tu ardiente corazón;
sólo el amor transporta a nuestro mundo
las notas de la música de Dios.
El es la clave de la ciencia eterna,
la invisible cadena creatriz
que une al hombre con Dios y con sus obras,
y Adán a Cristo, y el principio al fin.
De aquel hervor de luz está manando
el rocío del alma. Ebrio de amor
y de delicia tiembla el firmamento;
inunda el Creador la Creación.
¡Sí; el Creador!, cuya grandeza misma
es la que nos impide verlo aquí;
pero que, como atmósfera de gracia,
se hace, entre tanto, por doquier sentir…
Déjame unir mis labios a tus labios,
une a tu corazón mi corazón;
doblemos nuestro ser para que alcance
a recoger la bendición de Dios.
Todo, la gota como el orbe, cabe
en su grandeza y su bondad. Tal vez
pensó en nosotros cuando abrió esta noche,
como a las turbas su palacio un rey.
¡Danza gloriosa de almas y de estrellas!
¡Banquete de inmortales! Y pues ya
por su largueza en él nos encontramos,
de amor y vida en el cenit fugaz.
ven a partir conmigo lo que siento,
esto que abrumador desborda en mí;
ven a hacerme finito lo infinito
y a encarnar el angélico festín.
¿Qué perdió Adán perdiendo el paraíso,
si ese azul firmamento le quedó
y una mujer, compendio de Natura,
donde saborear la obra de Dios?.
¡Tú y Dios me disputáis en este instante!
Fúndanse nuestras almas, y en audaz
rapto de adoración, volemos juntos
de nuestro amor al santo manantial.
Te abrazaré, como a la tierra el cielo,
en consorcio sagrado; oirás de mí
lo que oídos mortales nunca oyeron,
lo que habla el serafín al serafín.
Y entonces esta angustia de hermosura,
este miedo de Dios que al hombre da
el sentirse tan cerca, tendrá un nombre,
y eterno entre los dos: ¡felicidad!
Pieza maestra del romanticismo hispanoamericano,
del colombiano Rafael Pombo
December 19th, 2006 at 5:09 am
Ofrenda a Jesús
Jesús Nazareno, Tú que los querías,
Tú que los buscabas, Tú que defendías
las blancas mañanas de sus alegrías,
Tú que a tus hermanos siempre les decías:
“Dejad a los niños que vengan a mí”,
toma este florido rayito de luna,
carne de mi carne, sin mancha ninguna,
candorosamente dormido en su cuna:
Jesús Nazareno, te lo entrego a Ti.
Te pido que nunca la dejes perdida
en las fragorosas aguas de la vida.
Está por tu propia sangre redimida.
Jesús Nazareno, te la doy dormida.
Su corazoncito también está así.
¡Su madre ha querido que te la dé plena!
Haz que sea dulce, haz que sea buena;
haz que sea un rayo de luna serena
sobre las angustias de nosotros dos.
Yo quiero que sea su fe la más viva,
yo quiero que sepa mirar hacia arriba,
con hambre de altura, de lumbre de Dios.
Tómala así humilde, tómala así buena,
tómala, Maestro, por ella y por mí.
Su madre ha querido que te la dé plena.
Haz que sea dulce, haz que sea buena;
haz que sea un rayo de luna serena
sobre las angustias de nosotros dos.
Yo quiero que sea su fe la más viva;
yo quiero que sepa mirar hacia arriba
con hambre de altura, de lumbre, de Dios.
Tómala, Maestro, tómala inocente,
quiero que te rece fervorosamente
y que en las mareas de su vida ardiente
ame humildemente, ame dulcemente
todas esas cosas que su padre amó,
y Tú, Jesús, déjala esas lusiones,
esas alboradas, esas devociones,
esas alegrías, esas oraciones,
esas inquietudes que he perdido yo.
Señor Jesucristo, es mala la vida.
Señor Jesucristo, la fe está perdida;
la esperanza, muerta, muerta la ilusión.
Tú, Jesús, apártala de nuestros abrojos,
y quema sus labios y alumbra sus ojos
con el evangelio de tu corazón.
Toma este florido rayito de luna,
es rosa de sangre, sin mancha ninguna;
Jesús Nazareno, tómala en la cuna,
ella me ha pedido que te la dé así.
Es luz de nosotros, es luz de mi vida.
Tómala, Maestro, te la doy dormida,
tómala, Maestro, por ella y por mí.
Daniel de la Vega (periodista y poeta modernista chileno)
December 19th, 2006 at 5:11 am
Poemilla Repentizado para Navidad
¡Un niño nos ha nacido!,
dijo el ángel jubiloso.
Es suave tierno y hermoso
y Dios nos lo ha concedido.
Al filo de madrugada
la humanidad en desgracia.
En un instante de gracia,
muy pronto quedó curada.
A esta galera, tan triste,
tierno infante, tú visitas,
y con tu amor depositas
la salvación que nos viste.
Todo bondad, tu persona
a Dios le tiene contento.
Testifica tu lamento
la humildad, que nos perdona.
Con tu espíritu, divino,
y tu carne, ser humano,
nos traes tu vida de hermano
como un soplo cristalino.
¡Oh!, Jesús : nació de madre,
obediente, en Dios contento.
Y en su mismo nacimiento
portaba el perdón del Padre.
Gracias, demos al Señor
por tanta misericordia.
Nunca bastará la historia
Para dar fe de su amor.
Rafael A. Marañon
Cuentos y Poemas de Navidad en Libros de Luz
December 19th, 2006 at 5:14 am
Retrato Sacro del Nacimiento del Señor
De cómo fue gozoso el Nacimiento de Dios Nuestro Señor
¡Morena por el sol de la alegría,
mirada por la luz de la promesa,
jardín donde la sangre vuela y pesa;
inmaculada Tú, Virgen María!
¿Qué arroyo te ha enseñado la armonía
de tu paso sencillo, qué sorpresa
de vuelo arrepentido y nieve ilesa,
junta tus manos en el alba fría?
¿Qué viento turba el momento y lo conmueve?
Canta su gozo el alba desposada,
calma su angustia el mar, antiguo y bueno.
La Virgen, a mirarle no se atreve,
y el vuelo de su voz arrodillada
canta al Señor, que llora sobre el heno.
Venid, alba, venid; ved el lucero
de miel, casi morena, que trasmana
un rubor silencioso de milgrana
en copa de granado placentero.
La frente como sal en el estero,
la mano amiga como luz cercana,
y el labio en que despunta la mañana
con sonrisa de almendro tempranero.
¡Venid, alba, venid; y el mundo sea
heno que cobra resplandor y brío
en su mirar de alondra transparente,
aurora donde el cielo se recrea!
¡Aurora Tú, que fuiste como un río,
y Dios puso la mano en la corriente!
De cómo estaba la luz, ensimismada en su creador,
cuando los hombres le adoraron,
el sueño como un pájaro crecía
de luz a luz borrando la mirada;
tranquila y por los ángeles llevada,
la nieve entre las alas descendía.
El cielo deshojaba su alegría,
mira la luz el niño, ensimismada,
con la tímida sangre desatada
del corazón, la Virgen sonreía.
Cuando ven los pastores su ventura,
ya era un dosel el vuelo innumerable
sobre el testuz del toro soñoliento;
y perdieron sus ojos la hermosura,
sintiendo, entre lo cierto y lo inefable,
la luz del corazón sin movimiento.
Luis Rosales
(español, uno de los grandes de la Generación del 36 y
amigo íntimo de Federico García Lorca)