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Como Automotivarnos: ¿Cuánto Vales? (Anonimo)

February 9th, 2008 by Gustavo

¿Cuánto vales?

Alfredo, con el rostro abatido de pesar, se reúne con su amiga Marisa en un restaurante a tomar un café.

Deprimido descarga en ella sus angustias: que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación. Todo parecía estar mal en su vida.

Marisa introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 100 dólares y le dijo:


- Alfredo, ¿quieres éste billete?

Alfredo, un poco confundido al principio, inmediatamente le dijo:

- Claro, Marisa… Son 100 dólares, ¿Quién no los querría?

Entonces Marisa tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo un pequeño bollo.

Mostrando la estrujada pelotita verde a Alfredo volvió a preguntarle:

- Y ahora ¿igual lo quieres?

- Marisa, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 100 dólares. Claro que los tomaré si me lo entregas.

Entonces Marisa desdobló el arrugado billete, lo tiró al piso y lo restregó con su pie en el suelo, levantándolo luego sucio y marcado.

- ¿Lo sigues queriendo?

- Mira Marisa, sigo sin entender qué pretendes, pero ese es un billete de 100 dólares y mientras no lo rompas conserva su valor.

- Entonces, Alfredo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o te pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido. Lo que debes preguntarte es cuánto vales en realidad, y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.

Alfredo se quedó mirando a Marisa sin atinar con palabra alguna, mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.

Marisa puso el arrugado billete de su lado en la mesa, y con una sonrisa cómplice agregó:

- Toma, guárdalo para que te recuerdes de esto cuando te sientas
mal… ¡Pero me debes un billete NUEVO de 100 dólares para poder usar con el próximo amigo que lo necesite!

Le dio un beso en la mejilla a Alfredo, quien aún no había pronunciado palabra, y levantándose de su silla se alejó con rumbo a la puerta.

Alfredo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó en su billetera y dotado de una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta.

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