El cuento de las Arenas

February 9th, 2017

Esta historia es corriente en la tradición oral de muchas culturas. La presente versión es de Awad Afifi el Tunecino y fue recopilada por Idries Shah.

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase de valles y campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había oteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaban a éstas.


No obstante, estaba convencido de que su destino era cruzar aquel desierto, sin embargo no había manera. Entonces una recóndita voz, que venia desde el desierto mismo, le susurró’, “el viento cruza el desierto, y así puede hacerlo el río ‘. El río objetó que se estaba estrellando entra las arenas, y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa es la razón por la cual podía cruzar el desierto.

“Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino” “¿Pero cómo podría suceder eso?”“Consintiendo en ser absorbido por el viento”.

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo, él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?’

“El viento —dijeron las arenas— cumple esta función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río”.

“¿Cómo puedo saber que esto es verdad?”

“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano, y aun eso te llevaría muchos, pero muchos años. Y un pantano, ciertamente, no es la misma cosa que un río”. “¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?”“Tu no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz.

“Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado río aun hoy porque no sabes qué parte tuya es la esencial”.Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él —”¿cuál sería?”— había sido transportado en los brazos del viento. También recordó -¿o le pareció?- que eso era lo que realmente debía hacer, aun cuando no fuera lo más obvio.

Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchos pero muchos kilómetros más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar con más firmeza en su mente los detalles de la experiencia.

Reflexionó. “Sí, ahora conozco mi verdadera identidad”.

El río estaba aprendiendo, pero las arenas susurraron. “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto días tras día. y porque nosotras, las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña”.

Por eso se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.



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