Los libros malditos del temple (Historia Secreta)

July 16th, 2017


Custodios del Grial

Hacia 1190 el ciclo griálico templario parecía definitivamente concluido, cuando el capellán templario francés Guiot de Provins escribió su Parsifal, una historia del Grial completamente diferente a todas, donde se recogía la corriente gnóstica oriental tamizada por el misticismo cátaro.

Lamentablemente, dicha obra se ha perdido y hoy sólo la conoceríamos por referencias si no fuese debido a un trovador templario alemán, Wolfram von Eschenbach (1170-1220), quien tradujo a su idioma la obra de Guiot de Provins, la amplió y continuó. Von Eschenbach es el mas singular de los escritores templarios, pero no por pertenecer a la Orden, sino porque hizo de ésta y de sus caballeros los protagonistas de las narraciones iniciático-esotéricas que escribió.

Creó su Parzival (1195-1210) inspirado tanto por aquella peculiar recreación templaria del Libro de los Jueces, como por el Poema del Templo de Salomón, de Achard d’Arrouaise, y por La búsqueda del Grial de Walter Map, pero sobre todo por el Parsifal de Guiot, para continuar la historia por su cuenta en el Titurel hasta elevar la Orden del Temple a la categoría de mito universal. Porque el mérito del caballero Wolfram no estriba en haber seguido el giro gnóstico-cátaro dado al Grial por Guiot, sino en haber declarado abiertamente que los custodios y ejecutores de dicha filosofía ideal eran los templarios.

En su novela, la encargada de custodiar el objeto místico es la Orden del Grial, cuyos miembros son los caballeros templarios. El Grial se guarda en un castillo de la Orden, dentro de una iglesia con forma octogonal, como su iglesia madre del Templo de Salomón, bajo la autoridad de un Gran Maestre que depende de la dinastía del Preste Juan. Es más, estos templarios de la Orden del Grial muestran un inusual sincretismo ecuménico, pues entre sus miembros hay cristianos, musulmanes y paganos: el cristiano Parzival tiene un hermano musulmán, Firefiz, que participa en la búsqueda en igualdad de condiciones; y la dinastía del Preste Juan, a cuyo reino se retira la Orden junto con el Grial, estaba compuesta tanto por reyes paganos como cristianos.

Para colmo, el Grial ya no es el cáliz conteniendo la sangre de Cristo, sino una piedra de poder traída del cielo como aquellas piedras negras, sagradas, de la antigüedad pagana, custodiadas en los santuarios de las grandes diosas: Artemisa, Ceres, Cibeles, que en el medievo acabaron guardándose como reliquias celestes dentro de muchas imágenes de Vírgenes Negras.

Que varios escritores templarios, con el consentimiento de la Orden, incluyeran a ésta en una historia llena de misticismo esotérico, con toques de simbolismo astrológico y alquímico, además de resabios sincréticos del paganismo clásico, debe significar algo más que un pasatiempo literario salido de la mente de unos trovadores ociosos. Muchos , de los quemados u ocultados entre 1307 y 1312, podrían darnos la respuesta. Aunque las tradiciones y leyendas populares todavía pueden aportarnos algunos indicios respecto al ideario de la Orden.

Las gentes de la comarca templaria de Aliste, al norte de Zamora, cuentan que en la Sierra de la Culebra vivía como ermitaño un sabio fraile templario. Como su cueva fuese muy húmeda y sus libros se cubriesen de verdina, decidió hacerse una cabaña de madera. Pero los espíritus que vivían en los árboles le impidieron que cortase la madera necesaria, por lo que humildemente se conformó con hacerse una choza de espinos y barro.

Al terminarla, bendijo al espino, con la promesa de que reinaría sobre los árboles egoístas que le negaron su madera, “y si alguna vez los árboles te amenazan serás como la zarza ardiente que todo lo devora”. Cuando murió el sabio ermitaño, los secos espinos de su choza echaron brotes y, extendiéndose como un manto, la cubrieron, encerrando en el mausoleo vegetal el cuerpo del santo varón y sus libros. Luego se desplegaron por el monte, en tal cantidad que borraron toda referencia para hallar la choza.

Durante mucho tiempo, las gentes de la comarca fueron a recoger de estos espinos, que consideraban mágicos. Aunque también iban con la esperanza de encontrar la choza del templario, pues decían que sus libros, guardados en un arca doble, eran los que le habían dado la santidad y podía esperarse de ellos toda clase de bienes. Casualmente, en la ya citada traducción templaria del Libro de los Jueces (cap.IX vs.8-15) podemos leer: “Pusiéronse en camino los árboles para ungir un rey que reinase sobre ellos (…) Y dijeron todos los árboles a la zarza espinosa: Ven tú y reina sobre nosotros. Y dijo la zarza espinosa a los árboles: si en verdad queréis ungirme por rey vuestro, venid y poneos a mi sombra, y si no, salga fuego de la zarza espinosa y devore a los cedros del Líbano”.

También en el Santuario de Nª Sª dels Angels, de Horta (Tarragona), dicen que el santo primer Maestre del lugar, frey Bertrán Aymerich (1177), escondió en una cripta un arca con los libros que escribió sobre el arte de construir, donde recogía los conocimientos ancestrales que le transmitieron los gigantes “Jentilak” que levantaron el primer santuario. Y en la fabulosa Catedral Templaria de Villasirga (Palencia) hay una leyenda similar sobre los libros de magia musulmanes que el primer Maestre y constructor, frey Juan Pérez (1150), trajo de Córdoba para edificar esa “Morada Filosofal”, que fueron ocultados por los caballeros en una cripta junto con su biblioteca.

Indice:
Los libros malditos del temple (Historia Secreta)
Obras heterodoxas
Custodios del Grial
Profecía apocalíptica

Tomado de VamosSantiago.com.

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