Los Tres Mosqueteros – Alejandro Dumas (Libro Gratis)
December 5th, 2009 by Gustavo

Libro Gratis
Título del Libro: Los Tres Mosqueteros
Autor: Alejandro Dumas
Los Tres Mosqueteros (en francés: Les Trois Mousquetaires) es una novela del dramaturgo francés Alexandre Dumas. En esta historia se relatan las aventuras de un joven llamado D’Artagnan, después de que él salió de su casa para convertirse en un mosquetero. D’Artagnan no es uno de los mosqueteros del título; sino que estos son sus amigos Athos, Porthos, y Aramis.
Los Tres Mosqueteros fue publicada por primera vez en forma de series para la revista Le Siècle entre marzo y julio de 1844. Dumas afirmó que para su composición se basó en manuscritos que él descubrió en la Bibliothèque Nationale. Fue probado que Dumas basó su trabajo en el libro “Mémoires de Monsieur d’Artagnan, capitaine lieutenant de la première compagnie des Mousquetaires du Roi” (Memorias de señor D’Artagnan, teniente capitán de la primera compañía de los Mosqueteros del Rey) por Gatien de Courtilz de Sandras (Cologne, 1700). Este libro fue prestado por la biblioteca pública de Marsella, y la ficha de préstamo permanece hasta hoy día (Dumas se quedó con el libro cuando él regresó a París).
Puedes bajar este libro gratis de Alejandro Dumas aquí.
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December 9th, 2006 at 1:09 pm
Alejandro Dumas
Los tres mosqueteros
Indice
I. Prefacio
I. Los tres presentes del señor D’Artagnan padre
II. La antecámara del señor de Tréville
III. La audiencia
IV. El hombro de Athos, el tahalíde Porthos y el pañuelo de Aramis
V. Los mosqueteros del rey y los guardias del señor cardenal
VI. Su majestad el rey Luis XIII
VII. Los mosqueteros por dentro
VIII. Una intriga de corte
IX. D’Artagnan se perfila
X. Una ratonera en el siglo XVII
XI. La intriga se anuda
XII. Georges Villiers, duque de Buckingham
XIII. El señor Bonacieux
XIV. El hombre de Meung
XV. Gentes de toga y gentes de espada
XVI. Donde el señor guardasellos Séguier buscó más de una vez la campana para
tocarla como lo hacía antaño
XVII. El matrimonio Bonacieux
XVIII. El amante y el marido
XIX. Plan de campaña
XX. El viaje
XXI. La condesa de Winter
XXII. El ballet de la Merlaison
XXIII. La cita
XXIV. El pabellón
XXV. Porthos
XXVI. La tesis de Aramis
XXVII. La mujer de Athos
XXVIII. El regreso
XXIX. La caza del equipo
XXX. Milady
XXXI. Ingleses y franceses
XXXII. Una cena de procurador
XXXIII. Doncella y señora
XXXIV. Donde se trata del equipo deAramis y de Porthos.
XXXV. De noche todos los gatos son pardos
XXXVI. Sueño de venganza
XXXVII. El secreto de Milady
XXXVIII. Cómo, sin molestarse, Athos encontró su equipo
XXXIX. Una visión
XL. El cardenal
XLI. El sitio de la Rochelle .
XLII . El vino de Anjou . .
XLIII. El albergue del Colombier-Rouge .
XLIV. De la utilidad de los tubos de estufa
XLV. Escena conyugal
XLVI. El bastión Saint-Gervais
XLVII. El consejo de los mosqueteros
XLVIII. Asunto de familia
XLIX. Fatalidad
L. Charla de un hermano con su hermana
LI. Oficial
LII. Primera jornada de cautividad
LIII. Segunda jornada de cautividad
LIV. Tercera jornada de cautividad
LV. Cuarta jornada de cautividad
LVI. Un recurso de tragedia clásica
LVII. Evasión
LVIII. Lo que pasó en Portsmouth el 23de agosto de 1628
LIX. En Francis
LX. El convento de las Carmelitas de Béthune
LXI. Dos variedades de demonios
LXII. Gota de agua
LXIII. El hombre de la capa roja
LXIV. El juicio
LXV. La ejecución
LXVI. Conclusión
LXVII. Epílogo
December 9th, 2006 at 1:10 pm
Prefacio
EN EL QUE SE RACE CONSTAR QUE,
PESE A SUS NOMBRES EN «OS» Y EN «IS»,
LOS HEROES DE LA HISTORIA QUE VAMOS
A TENER EL HONOR DE CONTAR
A NUESTROS LECTORES
NO TIENEN NADA DE MITOLOGICO
Hace aproximadamente un año, cuando hacía investigaciones en la Biblioteca Real
para mi historia de Luis XIV, di por casualidad con las Memorias del señor
D’Artagnan, impresas -como la mayoría de las obras de esa época, en que los
autores pretendían decir la verdad sin ir a darse una vuelta más o menos larga por la
Bastilla- en Amsterdam, por el editor Pierre Rouge. El título me sedujo: las llevé a mi
casa, con el permiso del señor bibliotecario por supuesto, y las devoré.
No es mi intención hacer aquí un análisis de esa curiosa obra, y me contentaré con
remitir a ella a aquellos lectores míos que aprecien los cuadros de época.
Encontrarán ahí retratos esbozados de mano maestra; y aunque esos bocetos estén,
la mayoría de las veces, trazados sobre puertas de cuartel y sobre paredes de
taberna, no dejarán de reconocer, con tanto parecido como en la historia del señor
Anquetil, las imágenes de Luis XIII, de Ana de Austria, de Richelieu, de Mazarino y de
la mayoría de los cortesanos de la época.
Mas, como se sabe, lo que sorprende el espíritu caprichoso del poeta no siempre
es lo que impresiona a la masa de lectores. Ahora bien, al admirar, como los demás
admirarán sin duda, los detalles que hemos señalado, lo que más nos preocupó fue
una cosa a la que, por supuesto, nadie antes que nosotros había prestado la menor
atención.
D’Artagnan cuenta que, en su primera visita al señor de Tréville, capitán de los
mosqueteros del rey, encontró en su antecámara a tres jóvenes que servían en el
ilustre cuerpo en el que él solicitaba el honor de ser recibido, y que tenían por nombre
los de Athos, Porthos y Aramis.
Confesamos que estos tres nombres extranjeros nos sorprendieron, y al punto nos
vino a la mente que no eran más que seudónimos con ayuda de los cuales
D’Artagnan había disimulado nombres tal vez ilustres, si es que los portadores de
esos nombres prestados no los habían escogido ellos mismos el día en que, por
capricho, por descontento o por falta de fortuna, se habían endosado la simple
casaca de mosquetero.
Desde ese momento no tuvimos reposo hasta encontrar, en las obras coetáneas,
una huella cualquiera de esos nombres extraordinarios que tan vivamente habían
despertado nuestra curiosidad.
Sólo el catálogo de los libros que leímos para llegar a esa meta llenaría un folletón
entero cosa que quizá fuera muy instructiva, pero a todas luces poco divertida para
nuestros lectores. Nos contentaremos, pues, con decirles que en el momento en que,desalentados de tantas investigaciones infructuosas, Ibamos a abandonar nuestra
búsqueda, encontramos por fin, guiados por los consejos de nuestro ilustre y sabio
amigo Paulin Paris, un manuscrito in-folio, con la signatura núm. 4772 ó 4773, no lo
recordamos exactamente, titulado así:
Memorias del señor conde de la Fère, referentes a algunos de los sucesos que
pasaron en Francia hacia finales del reinado del rey Luis Xlll y el comienzo del
reinado del rey Luis XIV.
Adivínese si fue grande nuestra alegría cuando, al hojear el manuscrito, última
esperanza nuestra, encontramos en la vigésima página el nombre de Athos, en la
vigésima séptima el nombre de Porthos y en la trigésima primera el nombre de
Aramis.
El descubrimiento de un manuscrito completamente desconocido, en una época en
que la ciencia histórica es impulsada a tan alto grado, nos pareció casi milagroso. Por
eso nos apresuramos a solicitar permiso para hacerlo imprimir con objeto de
presentarnos un día con el bagaje de otros a la Academia de inscripciones y bellas
letras, si es que no conseguimos, cosa muy probable, entrar en la Academia francesa
con nuestro propio bagaje. Debemos decir que ese permiso nos fue graciosamente
otorgado; lo que consignamos aquí para desmentir públicamente a los malévolos que
pretenden que vivimos bajo un gobierno más bien poco dispuesto con los literatos.
Ahora bien, lo que hoy ofrecemos a nuestros lectores es la primera parte de ese
manuscrito, restituyéndole el título que le conviene, comprometiéndonos a publicar
inmediatamente la segunda si, como estamos seguros, esta primera parte obtiene el
éxito que merece.
Mientras tanto, como el padrino es un segundo padre, invitamos al lector a echar la
culpa de su placer o de su aburrimiento a nosotros y no al conde de La Fère.
Sentado esto, pasemos a nuestra historia.